domingo, 5 de junio de 2016

El contacto físico y el TEA

El contacto físico puede ser muy incómodo para las personas con TEA, pero eso no significa que todos ellos lo rechacen categóricamente. Según mi experiencia, tienen sus momentos, y tienen sus personas especiales a las que le permiten ese tipo de contacto sin mostrarse incómodos o forzados.

   Mi hijo siempre ha sido un niño simpático, hablador y cariñoso. No sé en qué momento me di cuenta de que no le gustaba que le agarraran, que le tocaran...que el contacto físico no le hacía sentir bien. Pero sí sé que muchas veces, antes de saber lo que le ocurría, me pidió que no le lleváramos a sitios donde hubiera muchas personas que le pudieran rozar, o que cuando encontrábamos a algún conocido y le daba un beso, él se dejaba y respondía con otro beso, pero se ponía rígido y con una cara extraña.
   Al principio, simplemente creía que el niño se parecía a mi. No me gustan las aglomeraciones, me angustian, me agobia que personas que no conozco me rocen, o me toquen...es algo que me crea una ansiedad excesiva. Igualmente, no soy una persona cariñosa en cuanto a dar besos o abrazos (a mis hijos sí les doy mil al día, por supuesto). Me gusta que las otras personas guarden conmigo ese “metro” de distancia que, cuando no se respeta, me hace sentirme nerviosa e incómoda.
   Cuando por fin supimos lo que tenía, atamos muchos cabos. Y también observamos que a él no le afecta de igual manera el contacto con unas personas que con otras. Hay con amigos o familiares con los que él mismo busca ese acercamiento. Abraza con ímpetu a ciertas personas, y cuando ellos le devuelven ese cariño él no se agobia. También es curioso que cuando está jugando muy entretenido con sus amigos más cercanos no rechaza el contacto, lo toma como algo natural. Él me ha confesado que le incomoda pero que entiende que hay a juegos en los que hay contacto "por norma",como en el fútbol, y, como para el las normas son algo a cumplir a rajatabla, lo acepta. Estas situaciones suelen ocurrir cuando se siente muy a gusto o cuando esta relajado y en un ambiente de confianza máxima.
   Pero hay momentos en los que rechaza que se le toque, o incluso que busca el contacto pero lo rechaza al momento. Y en esas situaciones es cuando más nos confunde. Por ejemplo, cuando está en una crisis de llanto normalmente su hermana quiere abrazarle, y él la empuja y le grita que le deje. Conmigo la reacción es distinta y, aun así, más confusa si cabe. Me busca, me abraza y cuando le abrazo me aparta los brazos...y así una y otra vez, de modo repetitivo. Claro, yo podría dejar los brazos caídos ¿verdad? Y dejarle que simplemente haga lo que parece que quiere que es abrazarme él. Pero lo he intentado y no funciona, me busca los brazos y me los pone a su alrededor...y al segundo me los aparta. Cuando esto sucede simplemente le dejo que él me guíe: si quiere abrazo le abrazo, si me aparta bajo los brazos...y así hasta que se tranquiliza o se cansa.
   Cuando yo menciono esto, que a él no le gusta el contacto físico, muchas personas me dicen que no es cierto(sí, así literalmente), porque le han visto abrazar a X o le han visto echarle el brazo por encima al niño Y. Siempre he intentado explicarlo de manera que se entienda, tanto esto como otros aspectos que caracterizan a mi hijo por su TEA, pero ya una se cansa de repetirlo y yo he decidido que es tan simple como querer entenderlo o no(que no poder entenderlo, eso ya es más difícil). No caben más opciones para mí aunque suene radical..

   Concluiré diciendo, con cierta tranquilidad por lo que implica, que el niño lleva un tiempo, sobre todo desde que trabaja con la psicóloga, que verbaliza más sus sentimientos. En estas últimas semanas me dice a menudo que no le gusta que le toquen y que no le obligue a besar o abrazar a nadie. Así estoy haciendo, respetando, aunque a mi alrededor al final siempre haya caras raras o críticas (unas más constructivas que otras)... Y así vivimos el día a día aprendiendo un poquito más con él y por él.

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