lunes, 16 de enero de 2017

Año nuevo... propósitos nuevos

Porque felicitar un año nuevo no parece demasiado, yo prefiero desearos felicidad para una vida entera. 


   Como muchas personas, cuando comienza un nuevo año, yo también me he planteado propósitos a cumplir en los próximos meses y, como no, muchos de ellos relacionados con mi hijo. Ahí van algunos:
   - Relativizar sus "grandes problemas". Porque, aunque para él que le hayan dicho tonto en clase, o que le hayan empujado sin querer y le hayan caído es un drama mundial, yo me he dado cuenta que fomentar esos sentimientos le hace mal y, al final, siempre sufrimos todos. Por eso creo que tengo que aprender a analizar de manera eficaz sus quejas diarias y saber valorar y seleccionar solo aquellas situaciones en las que de verdad requiera de mi intervención. Esto me aportará tranquilidad a mí y más autosuficiencia a él.
    - Armarme de paciencia e intentar comprender muchas cosas de mi hijo que ni él mismo entiende, explicándole lo que necesite hasta la saciedad y contando hasta 1000 antes de enfadarme (aunque sé que este propósito lo tengo ya casi perdido porque ando escasita de paciencia desde hace mucho tiempo). 
   - Enseñarle, y enseñarme, a aceptar la situación que se nos ha dado y sacar lo positivo de ella. Creo que hasta ahora me centraba en los aspectos negativos del trastorno de mi hijo, pero llevo unas semanas pensando que quizá centrándome en todo lo que puede aportarme (y aportarse a sí mismo) saldremos de esta espiral de negatividad en la que a veces (demasiado a menudo debo admitir) nos encontramos sumidos en casa.
   - Dicen que todos proyectamos una luz hacia los demás. Me temo que mi luz estos últimos tiempos no ha sido muy radiante ni alegre. Este año quiero quiero intentar proyectar una luz más positiva, más esperanzadora... Sobre todo porque los hijos son reflejo de sus padres y me gustaría el día de mañana mirar a mis hijos y que su luz fuera tan brillante y cargada de buena energía que deslumbre. Para ello, el trabajo tiene que empezar en los adultos del hogar y yo prometo que intentaré cumplir este objetivo.
   - Luchar para que el TEA sea visible y que, el hecho de que muchos de estos niños a primera vista no parezcan diferentes a cualquier niño neurotípico, no les haga parecer faltos de necesidad de ayuda. El TEA supone una discapacidad y se debe tratar como tal por las administraciones, los colegios y la sociedad en general. Dentro de mis posibilidades intentaré que se reconozcan sus necesidades y que nadie por ver a mi hijo en una hora y media, como ya os contaré más adelante que me sucedió hace pocos días, concluya que por tener amigos y dejarse tocar la cabeza es un niño completamente adaptado y sin necesidad de apoyo.
  - Mi último propósito, aunque no menos importante, es que he decidido que quien no entienda a mi hijo, o las circunstancias que hacen que en mi familia seamos o actuemos de determinada manera debido a nuestra situación, no tiene que ocupar más tiempo del necesario en mis pensamientos. Hemos pasado una temporada bastante complicada sintiéndonos incomprendidos y estamos cansados de fingir estar estupendamente bien cuando en realidad a menudo no tenemos ganas casi ni de movernos de casa. Es una cuestión de comprensión y empatía, tan sencillo como eso, y este año nuevo quiero rodearme de personas comprensivas y empáticas a las que no les importe mucho si actuamos de determinada manera por la circunstancia que nos rodea.
   Seguramente mis propósitos para el nuevo año no son los más originales ni los más divertidos del mundo. No me planteo ir al gimnasio o comer más sano, tampoco es mi idea cambiar drásticamente el ritmo de mi familia, pero considero necesario alcanzar estas metas para avanzar en este camino en el que me siento estancada desde hace mucho y que creo que, si lo consigo, va a suponer un gran cambio para mí y los míos. A ver si al final de 2017 puedo escribiros y decir con la cabeza bien alta que mi nuevo mundo TEA es más nuevo que nunca. 

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